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Hoy,
cansada de tanto desasosiego, de tantas desilusiones, y de tanto daño que he
hecho y me han hecho, me he bajado a mirar en mis adentros, me he paseado con calma por todos ellos, y no me ha gustado
nada, pero nada de nada, de lo que allí me he encontrado, no me ha satisfecho
descubriros entre otras tantas cosas, a vosotras ancianas y pesadas tristezas,
ancladas como rémoras y aposentadas dichosas en mí.
Hoy, compañeras mías desde hace ya un largo tiempo, va a hablaros mi corazón muy en serio, escucharle bien y muy atentas, porque lo que os va a decir es tajante y con mucha firmeza.
Tengo tantos regalos que agradecer a Dios y a la vida, que estáis de más,
¿no notáis que sobráis, que no os necesito para nada, que no quiero ya
refugiarme ni acurrucarme en vuestro apretado abrazo?
Dios me regalo luz y visión en mi mirada, sonrisas y palabras en mis labios, caricias
tiernas en mis manos, y en mis pies puso alas para hacer caminos y sobre todas las
cosas, a mi alma la amuebló con sentimientos dulces y hermosos. Todo esto compañeras mías vale para esconder y alejar las perlas saladas que formáis en el
verde mar de mi mirada y en su lugar acercar y descubrir sonrisas en mi boca
sedienta de ellas, risas...que alegren mi alma y el ánimo de cualquiera que esté
a mi lado acompañándome.
¡¡Atentas!! Que os diré más. Si algo que quiero no lo puedo conseguir, o algo amado se me ha perdido, será que Dios así lo
dispuso. ¿Y sabéis? también os digo que, de vivencias siempre más malas que buenas, una se
va fortaleciendo, una va aprendiendo, una se va perdonando y así perdonándose,
se perdona a todo lo demás y el terreno nuevo que se labre a continuación
será mucho más seguro y con algunas piedras y rastrojos en él, de menos.
Así que hoy decidida, con una luz especial en mis candiles y sin escuchar ninguna replica por parte vuestra, a la puerta de la estación helada del invierno de mi alma, agitando un adiós eterno, os despido sin reprocharos nada. Hoy
huelo a primavera y en ella el alma se hincha y toda la sangre se
alborota en sus calles enarbolando banderas de sueños nuevos…corro hacía ella que me gusta su tibieza, su paz y su sonido.
Tatiana Krahe
Madrid,
Enero 2004.

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