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Anoche, cuando hablábamos
se hablaban y amaban dos almas,
hablando yo iba desnudando la mía
y tú la ibas vistiendo poco a poco,
con enaguas de dulzuras,
con corpiño de comprensión,
con túnica de pasión
y con guirnaldas de sonrisas.
Y la colocaste arriba
guardada en una urna,
sobre un pedestal
fuera del alcance del trueno y el rayo
de mi tormenta.
Por eso dos palabras sentidas:
Gracias, amor.
Tatiana Krahe.
Madrid, Julio 2002.


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