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No podrás amar a otra
porque en todas me veras,
sabes que digo verdad
y no ignoras además…que
cuando junto a ti se escape una risa
el rumor de mi agua fresca
en tu oído cantará,
que cuando un beso te den o tú pidas
será mi boca, granada roja y jugosa
la que gozaras,
que cuando escuches que te llaman
tañera la campana de mi voz
nombrándote sin cesar,
y sobre todas las cosas
cuando unos ojos verde mar te miren
será en las olas de los míos
donde te sumergirás.
Y por último; amor mío
al subir al paraíso, temerás
que en ese instante final del suspiro
gritaras en silencio mi nombre
y me amaras.
No podré amar a nadie, nadie existe como tú.
Me llenaste mis espacios, sin dejar una oquedad,
respondiste a mis silencios,
me sacaste las sonrisas,
me dibujaste deseos,
y tomándome de la mano me enseñaste a caminar.
Me vestiste de princesa en los sueños de tu vida,
me nombraste la sirena que surcaba tus mareas
y así; sin pretenderlo
me regalaste la ternura del niño
que hay en el cielo inmenso
de tus adentros.
Y antes, mucho antes
Me llevaste a tu montaña
allí gritaste mi nombre
salido de tus entrañas
el eco se lo guardo
y se quedo
por siempre habitando en tu valle.
Eras mi sueño soñado
hoy eres mi pensamiento
y mi recuerdo constante.
Ese será nuestro infierno,
el abismo de los dos
mientras sigamos viviendo,
nadaremos en recuerdos
y escalaremos momentos,
y se llenaran nuestros días de
ausencias y arrepentimientos
que nos asesinaran
y destruirán
por dentro.
Tatiana Krahe
Madrid, Octubre 2003.

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