Una taza de café
cortado,
un cigarrillo
encendido,
que nervioso se mueve
entre mis dedos,
una ausencia 
que se adentra
y un suspiro
que se escapa
postrándome
en un desolado ¿por qué?

           
A solas con un café
amargo,
el humo del cigarro
me lleva a pensar…
se empapan mis ojos
de recuerdos
mi boca se esconde 
de sonrisas.
y mi alma rebosa
de preguntas,
y el silencio, siempre el silencio
es la respuesta
que continuamente ella 
escucha y la hiere.

              
Apuro el último sorbo 
del café,
apago el cigarrillo,
mi mirada es de lluvia
de una nube preñada 
de melancolía.
me voy, no sé a donde
cansada, y dolida
confundida y absorta,
y sin saber descifrar
ese porque,
que ha robado
mi paz.

              
Tatiana Krahe
Madrid, Octubre 2003