
ESA TARDE...

Esa tarde...
déjame, te lo ruego
que lentamente
perfile tus facciones
con pinceles de memoria
para guardarlas lacradas
y en secreto
en cada pliegue de mi alma
enamorada.

Permíteme,
empaquetar tu mirada
agasajando a la mía
mientras unos brazos vuelan
alrededor de mi talle,
y un beso calido y húmedo,
se escape de tus labios
para refugiarse ansioso
en los míos,
que con avidez,
lo ampara.

Consiénteme,
hilvanar mis manos a la tuyas
y nos paseemos juntos
por recuerdos;
mientras se cosen
olvidos a reproches
compresión a ausencias
y amor a tiempo compartido
que aunque ya sea pasado,
se aposenten en el corazón
como un tiempo
de bonanza.

Y al final de esa tarde
eternamente anhelada
una larga mirada aterciopelada
susurre a la otra, suavito
lo que espera ella
escuchar en su alma
apenada.

Tatiana Krahe
Madrid, Febrero 2004

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