LEÓN FELIPE.

 

 

León Felipe. Ese fue su seudónimo en realidad se llamaba Felipe Camino Galicia. Siempre decía " Los grandes poetas no tiene biografía tiene destino" Nació en 1.884 en Tábora pueblecito de Zamora, fue hijo de notario. Estudio Farmacia y llego a tener una. Pero hombre inquieto dejo esta vida acomodada y se dedico a la aventura para acercarse a las personas. Llego a estar encarcelado acusado de desfalco. Con su primer amor una chica del Perú Irene Lambarri asienta un poco la cabeza. Viven en Barcelona. Pero al poco tiempo se separan se marcha a Madrid, allí vive una vida de prostibulo en prostibulo y miserable. Al estallar la guerra española se marcha a México. Fallece allí en 1.968.
Es uno de los mejores poetas que reflejan el sentimiento español humano , pero no se le ha reconocido su innegable valor.

 

 

Esta noche no hubo luna.  Como aquélla nube blanca.  Como tú. ¡Qué Lastima!  Oración.  Sé todos los cuentos.  Quiero sueño.  Nadie fue ayer.  Credo.

 

 

 

Esta noche no hubo luna.

Ahora camino de noche
porque las noches son claras...
Y esta noche no hubo luna,
no hubo luna amiga y blanca...
y había pocas estrellas,
pocas estrellas y pálidas...
Y era todo triste sin la luna amiga...
y era todo negro sin la luna blanca.
No se veía la cinta
de la carretera larga...
los olivos del recuesto
apenas se dibujaban...
un murciélago pasó
rozándome la cabeza con el ala ...
y me ladraron los perros
en los bancales con saña.
Sin luna todo era negro y triste...
vi una luz allá lejana...
y, a tientas, fui hasta la luz
y en la luz pedí posada...
Esta noche no hubo luna...
no hubo luna amiga y blanca...
Y recordé aquélla noche
en que no vino mi amada...
y en que yo loco de amor,
lleno de fiebre y de ansias...
hice también alto
en la primera posada...

Como aquélla nube blanca


Ayer estaba mi amor
como aquélla nube blanca
que va tan sola en el cielo
y tan alta,
como aquélla
que ahora pasa
junto a la luna
de plata. Nube
blanca,
que vas tan sola en el cielo
y tan alta,
junto a la luna
de plata,
vendrás a parar
mañana,
igual que mi amor,
en agua,
en agua del mar
amarga. Mi amor tiene el ritornelo
del agua, que, sin cesar,
en nubes sube hasta el cielo
y en lluvia baja hasta el mar.
El agua, aquel ritornelo,
de mi amor, que, sin cesar,
en sueños sube hasta el cielo
y en llanto baja hasta el mar.

Como tú

Así es mi vida, 
piedra, 
como tú. Como tú, 
piedra pequeña; 
como tú, 
piedra ligera; 
como tú, 
canto que ruedas 
por las calzadas 
y por las veredas; 
como tú, 
guijarro humilde de las carreteras; 
como tú, 
que en días de tormenta 
te hundes 
en el cieno de la tierra 
y luego 
centelleas 
bajo los cascos 
y bajo las ruedas; 
como tú, que no has servido 
para ser ni piedra 
de una lonja, 
ni piedra de una audiencia, 
ni piedra de un palacio, 
ni piedra de una iglesia; 
como tú, 
piedra aventurera; 
como tú, 
que tal vez estás hecha 
sólo para una honda, 
piedra pequeña 

ligera...

¡Qué lastima!

¡Qué lástima 
que yo no pueda cantar a la usanza 
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan! 
¡Qué lástima 
que yo no pueda entonar con una voz engolada 
esas brillantes romanzas 
a las glorias de la patria! 
¡Qué lástima 
que yo no tenga una patria! 
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa 
desde una tierra a otra tierra, desde una raza 
a otra raza, 
como pasan 
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca. 
¡Qué lástima 
que yo no tenga comarca, 
patria chica, tierra provinciana! 
Debí nacer en la entraña 
de la estepa castellana 
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada; 
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca, 
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña. 
Después... ya no he vuelto a echar el ancla, 
y ninguna de estas tierras me levanta 
ni me exalta 
para poder cantar siempre en la misma tonada 
al mismo río que pasa 
rodando las mismas aguas, 
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa. 
¡Qué lástima 
que yo no tenga una casa! 
Una casa solariega y blasonada, 
una casa 
en que guardara, 
a más de otras cosas raras, 
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada 
(que me contaran 
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala) 
y el retrato de un mi abuelo que ganara 
una batalla. 
¡Qué lástima 
que yo no tenga un abuelo que ganara 
una batalla, 
retratado con una mano cruzada 
en el pecho, y la otra en el puño de la espada! 
Y, ¡qué lástima 
que yo no tenga siquiera una espada! 
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria, 
ni una tierra provinciana, 
ni una casa 
solariega y blasonada, 
ni el retrato de un mi abuelo que ganara 
una batalla, 
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada? 
¡Qué voy a cantar si soy un paria 
que apenas tiene una capa! 

Sin embargo... 
en esta tierra de España 
y en un pueblo de la Alcarria 
hay una casa 
en la que estoy de posada 
y donde tengo, prestadas, 
una mesa de pino y una silla de paja. 
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla 
en una sala 
muy amplia 
y muy blanca 
que está en la parte más baja 
y más fresca de la casa. 
Tiene una luz muy clara 
esta sala 
tan amplia 
y tan blanca... 
Una luz muy clara 
que entra por una ventana 
que da a una calle muy ancha. 
Y a la luz de esta ventana 
vengo todas las mañanas. 
Aquí me siento sobre mi silla de paja 
y venzo las horas largas 
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa 
la gente a través de la ventana. 
Cosas de poca importancia 
parecen un libro y el cristal de una ventana 
en un pueblo de la Alcarria, 
y, sin embargo, le basta 
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma. 
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa 
cuando pasan 
ese pastor que va detrás de las cabras 
con una enorme cayada, 
esa mujer agobiada 
con una carga 
de leña en la espalda, 
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana, 
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana. 
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana 
siempre y se queda a los cristales pegada 
como si fuera una estampa. 
¡Qué gracia 
tiene su cara 
en el cristal aplastada 
con la barbilla sumida y la naricilla chata! 
Yo me río mucho mirándola 
y la digo que es una niña muy guapa... 
Ella entonces me llama 
¡tonto!, y se marcha. 
¡Pobre niña! Ya no pasa 
por esta calle tan ancha 
caminando hacia la escuela de muy mala gana, 
ni se para 
en mi ventana, 
ni se queda a los cristales pegada 
como si fuera una estampa. 
Que un día se puso mala, 
muy mala, 
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas. 

Y en una tarde muy clara, 
por esta calle tan ancha, 
al través de la ventana, 
vi cómo se la llevaban 
en una caja 
muy blanca... 
En una caja 
muy blanca 
que tenía un cristalito en la tapa. 
Por aquel cristal se la veía la cara 
lo mismo que cuando estaba 
pegadita al cristal de mi ventana... 
Al cristal de esta ventana 
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja 
tan blanca. 
Todo el ritmo de la vida pasa 
por el cristal de mi ventana... 
¡Y la muerte también pasa! 

¡Qué lástima 
que no pudiendo cantar otras hazañas, 
porque no tengo una patria, 
ni una tierra provinciana, 
ni una casa 
solariega y blasonada, 
ni el retrato de un mi abuelo que ganara 
una batalla, 
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada, 
y soy un paria 
que apenas tiene una capa... 
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

Oración.

Señor, yo te amo 
porque juegas limpio; 
sin trampas sin milagros; 
porque dejas que salga, 
paso a paso, 
sin trucos sin utopías, 
carta a carta, 
sin cambios, 
tu formidable 
solitario.

Sé todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad. 
Digo tan sólo lo que he visto. 
Y he visto: 
que la cuna del hombre la mecen con cuentos, 
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, 
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, 
que los huesos del hombre los entierran con cuentos, 
y que el miedo del hombre... 
ha inventado todos los cuentos. 
Yo no sé muchas cosas, es verdad, 
pero me han dormido con todos los cuentos... 
y sé todos los cuentos.



Quiero sueño.

No me contéis más cuentos, 
que vengo de muy lejos 
y sé todos los cuentos. 
No me contéis más cuentos. 
Contad 
y recontadme este sueño. 
Romped, 
rompedme los espejos. 
Deshacedme los estanques, 
los lazos, 
los anillos, 
los cercos, 
las redes, 
las trampas 
y todos los caminos paralelos. 
Que no quiero, 
que no quiero, 
que no quiero, 
que no quiero que me arrullen con cuentos, 
Que no quiero, 
Que no quiero, 
Que no quiero, 
Que no quiero que me sellen la boca y los ojos con cuentos, 
que no quiero, 
que no quiero, 
que no quiero, 
que no quiero que me entierren con cuentos, 
que no quiero, 
que no quiero, 
que no quiero, 
que no quiero verme clavado en el tiempo, 
que no quiero verme en el agua, 
que no quiero verme en la tierra tampoco, 
que no quiero, a su ovillo, como un hilo de barba sujeto. 
Quiero verme en el viento, 
quiero verme en el viento, 
quiero verme en el viento, 
quiero verme en el viento... 
quiero... ¡quiero!... sueño... ¡sueño! 
Soy gusano que sueña... y sueño 
verme un día volando en el viento.


Nadie fue ayer.

Nadie fue ayer, 
ni va hoy, 
ni irá mañana 
hacia Dios 
por este mismo camino 
que yo voy. 
Para cada hombre guarda 
un rayo nuevo de luz el sol... 
y un camino virgen 
Dios.

Credo.

Aquí estoy... 
En este mundo todavía... Viejo y cansado... Esperando 
a que me llamen... 
Muchas veces he querido escaparme por la puerta maldita 
y condenada 
y siempre un ángel invisible me ha tocado en el hombro 
y me ha dicho severo: 
No, no es la hora todavía... hay que esperar... 
Y aquí estoy esperando... 
con el mismo traje viejo de ayer, 
haciendo recuentos y memoria, 
haciendo examen de conciencia, 
escudriñando agudamente mi vida... 
¡Qué desastre!... ¡Ni un talento!... Todo lo perdí. 
Sólo mis ojos saben aún llorar. Esto es lo que me queda... 
Y mi esperanza se levanta para decir acongojada: 
Otra vez lo haré mejor, Señor, 
porque... ¿no es cierto que volvemos a nacer? 
¿No es cierto que de alguna manera volvemos a nacer? 
Creo que Dios nos da siempre otra vida, 
otras vidas nuevas, 
otros cuerpos con otras herramientas, 
con otros instrumentos... Otras cajas sonoras 
donde el alma inmortal y viajera se mueva mejor 
para ir corrigiendo lentamente, 
muy lentamente, a través de los siglos, 
nuestros viejos pecados, 
nuestros tercos pecados... 
para ir eliminando poco a poco 
el veneno original de nuestra sangre 
que viene de muy lejos. 
Corre el tiempo y lo derrumba todo, lo transforma todo. 
Sin embargo pasan los siglos y el alma está, en otro sitio... 
¡pero está! 
Creo que tenemos muchas vidas, 
que todas son purgatorios sucesivos, 
y que esos purgatorios sucesivos, todos juntos, 
constituyen el infierno, el infierno purificador, 
al final del cual está la Luz, el Gran Dios, esperándonos. 
Ni el infierno... ni el fuego y el dolor son eternos. 
Sólo la Luz brilla sin tregua, 
diamantina, 
infinita, 
misericordiosa, 
perdurable por los siglos de los siglos... 
Ahí está siempre con sus divinos atributos. 
Sólo mis ojos hoy son incapaces de verla... 
estos pobres ojos que no saben aún más que llorar.

 

 

 

León Felipe.

 

 

 

 

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