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Rosalía
De Castro.
Rosalía de Castro, nació
el 24 de Febrero en Santiago de Compostela en Galicia (España) en el año 1.837. Hija natural de Doña Teresa Castro,
se la inscribió como hija de padres desconocidos. En la casa solariega de su madre en Padrón
y en Santiago de Compostela paso toda su infancia. Parece ser que componía versos desde los 11 años. A los 15 años sufre una transformación moral, por causas que se desconocen y desde ahí arranca el dolor de vivir, que la acompañaría durante toda su vida. En 1858 se casa con Manuel Murguia, entonces conocido como escritor y años después historiador de Galicia. Tuvo 7 hijos. Llevo una vida de intimidades, y sencillez, con la morriña hacia su tierra, plasmada en su obra. Vivió dedicada a su casa a su marido y a sus hijos murió de cáncer a los 48 años en su casa de Padrón, en el año
1.885el 15 de Julio después de tres días de agonía, ninguno de sus hijos la sobrevivió, no de dejo herederos. Es una de los grandes poetas del siglo XIX, junto a Bécquer. También escribió prosa.

Las
Campanas. A orillas del Sar I.
Hora tras Hora, Día tras Día. Era
apacible el día. Era apacible el día.
Cantares
Gallegos.
Adiós
ríos, adiós fontes.
Bien
pronto cesaron.
En
sus ojos rasgados.
Sed
de amor tenia.
Pobre
alma mía sola.

Las
Campanas
Yo las amo, yo las oigo,
cual oigo el rumor del viento,
el murmurar de la fuente
o el balido de cordero.
Como los pájaros, ellas,
tan pronto asoma en los cielos
el primer rayo del alba,
le saludan con sus ecos.
Y en sus notas, que van prolongándose
por los llanos y los cerros,
hay algo de candoroso,
de apacible y de halagüeño.
Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!
¡Qué silencio en la iglesia!
¡Qué extrañeza entre los muertos!

A
orillas del SAR I
A través del follaje perenne
Que oír deja rumores extraños,
Y entre un mar de ondulante verdura,
Amorosa mansión de los pájaros,
Desde mis ventanas veo
El templo que quise tanto.
El templo que tanto quise...
Pues no sé decir ya si le quiero,
Que en el rudo vaivén que sin tregua
Se agitan mis pensamientos,
Dudo si el rencor adusto
Vive unido al amor en mi pecho.

HORA TRAS HORA, DÍA TRAS DÍA
Hora tras hora, día tras día,
Entre el cielo y la tierra que quedan
Eternos vigías,
Como torrente que se despeña
Pasa la vida.
Devolvedle a la flor su perfume
Después de marchita;
De las ondas que besan la playa
Y que una tras otra besándola expiran
Recoged los rumores, las quejas,
Y en planchas de bronce grabad su armonía.
Tiempos que fueron, llantos y risas,
Negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
En dónde, alma mía?

Era
apacible el día.
Era apacible el día
Y templado el ambiente,
Y llovía, llovía
Callada y mansamente;
Y mientras silenciosa
Lloraba y yo gemía,
Mi niño, tierna rosa
Durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!
Tierra sobre el cadáver insepulto
Antes que empiece a corromperse... ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
Bien pronto en los terrones removidos
Verde y pujante crecerá la yerba.
¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
Torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!...
Jamás el que descansa en el sepulcro
Ha de tornar a amaros ni a ofenderos
¡Jamás! ¿Es verdad que todo
Para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.
Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
Te espera aún con amoroso afán,
Y vendrá o iré yo, bien de mi vida,
Allí donde nos hemos de encontrar.
Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
Que no morirá jamás,
Y que Dios, porque es justo y porque es bueno,
A desunir ya nunca volverá.
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
Yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.
Mas... es verdad, ha partido
Para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
De un día en este mundo terrenal,
En donde nace, vive y al fin muere
Cual todo nace, vive y muere acá.

CANTARES GALLEGOS.
I
Has de cantar,
meniña gaitera;
has de cantar,
que me morro de pena.
Canta, meniña,
na beira da fonte;
canta,daréiche
boliños do pote.
Canta, meniña,
con brando compás,
daréiche unha proia
da pedra do lar.
Papiñas con leite
tamén che daréi;
sopiñas con viño,
torrexas con mel.
Patacas asadas
con sal e vinagre,
que saben a noces.
¡Que ricas que saben!
¡Que feira, rapaza,
si cantas faremos...!
Festiña por fora,
festiña por dentro.
Canta, si queres,
rapaza do demo;
canta, si queres;
daréiche un mantelo.
Canta, si queres,
na lengua que eu falo.
Daréiche un mantelo.
Daréiche un refaixo.
Co son da gaitiña,
co son da pandeira,
che pido que cantes,
rapaza morena.
Co son da gaitiña,
co son do tambor,
che pido que cantes,
meniña, por Dios.
II
Así mo pediron
na beira do mar,
ó pe das ondiñas
que veñen e van.
Así mo pediron
na beira do rio
que corre antre as herbas
do campo frorido.
Cantaban os grilos,
os galos cantaban,
o vento antre as foias
runxindo pasaba.
Campaban os prados,
Manaban as fontes
antre herbas e viñas,
figueiras e robres.
Tocaban as gaitas.
Ó son das pandeiras
bailaban os mozos
cas mozas modestas.
¡Qué cofias tan brancas!
¡Qué panos con freco!
¡Qué dengues de grana!
¡Qué sintas! ¡Que adresos!
¡Qué ricos mandiles!
¡Qué verdes refaixos!
¡Qué feitos xustillos
de cor colorado!
Tan vivos color

ADIÓS, RÍOS; ADIÓS, FONTES;
Adiós, ríos; adiós, fontes;
adiós, regatos pequeños;
adiós, vista d'os meus ollos,
non sei cándo nos veremos.
Miña terra, miña terra,
terra donde m'eu criei,
hortiña que quero tanto,
figueiriñas que prantei.
Prados, ríos, arboredas,
pinares que move o vento,
paxariños piadores,
casiñas d'o meu contento.
Muiño d'os castañares,
noites craras d'o luar,
campaniñas timbradoiras
d'a igrexiña d'o lugar.
Amoriñas d'as silveiras
que eu lle daba ô meu amor,
camiñiños antr'o millo,
¡adiós para sempr'adiós!
¡Adiós, gloria! ¡Adiós, contento!
¡Deixo a casa onde nascín,
deixo a aldea que conoço,
por un mundo que non vin!
Deixo amigos por extraños,
deixo a veiga pol-o mar;
deixo, en fin, canto ben quero...
¡quén puidera non deixar!
Mais son probe, e, malpocado,
a miña terra n'e miña,
qu'hastra lle dan de prestado
a beira por que camiña
ô que nasceu desdichado.
Tèñovos, pois, que deixar,
hortiña, que tanto amei,
forgueiriña d'o meu lar,
arboriños que prantei,
fontiña d'o cabañar.
Adiós, adiós, que me vou,
herbiñas d'o camposanto,
donde meu pai se enterrou,
herbiñas que biquei tanto,
terriña que nos criou.
Adiós, Virxe d'a Asuncion
branca com'un serafín:
lévovos n-o corazón;
pedidelle á Dios por min,
miña Virxe d'a Asunción.
Xa s'oyen lonxe, moi lonxe,
as campanas d'o pomar;
para min, ¡ai!, coitadiño,
nunca máis han de tocar.
Xa s'oyen lonxe, máis lonxe...
Cada balad'é un delor;
voume soyo, sin arrimo...
miña terra, ¡adiós!, ¡adiós!
¡Adiós tamén, queridiña...
Adiós por sempre quizáis!...
Dígoche este adiós chorando
desd'a veiriña d'o mar.
Non m'olvides, queridiña,
si morro de soidás...
tantas légoas mar adentro...
¡Miña casiña!, ¡mue lar!
Yo no sé lo que busco eternamente
en la tierra, en el aire y en el cielo;
yo no sé lo que busco, pero es algo
que perdí no sé cuando y que no encuentro,
aun cuando sueñe que invisible habita
en todo cuanto toco y cuanto veo.
Felicidad, no he de volver a hallarte
en la tierra, en el aire, ni en el cielo,
¡aun cuando sé que existes
y no eres un vano sueño!

Bien
pronto cesaron.
Bien pronto cesaron
los fúnebres cantos,
esparcióse la turba curiosa,
acabaron gemidos y llantos
y dejaron al muerto en su fosa.
Tan sólo a lo lejos,
rasgando la bruma,
del negro estandarte
las orlas flotaron,
como flota en
el aire la pluma
que al ave nocturna
los vientos robaron

EN SUS OJOS RASGADOS ....
En sus ojos rasgados y azules,
donde brilla el candor de los ángeles,
ver creía la sombra siniestra
de todos los males.
En sus anchas y negras pupilas,
donde luz y tinieblas combaten,
ver creía el sereno y hermoso
resplandor de la dicha inefable.
Del amor espejismos traidores,
risueños, fugaces...
cuando vuestro fulgor sobrehumano
se disipa... ¡qué densas, qué grandes
son las sombras que envuelven las almas
a quienes con vuestros reflejos cegasteis!

SED DE AMORES TENÍA
Sed de amores tenía, y dejaste
que la apagase en tu boca,
¡piadosa samaritana!,
y te encontraste sin honra,
ignorando que hay labios que secan
y que manchan cuanto tocan.
¡Lo ignorabas...,
y ahora lo sabes!
Pero yo sé también, pecadora
compasiva, porque a veces
hay compasiones traidoras,
que si el sediento volviese
a implorar misericordia,
su sed de nuevo apagaras,
samaritana piadosa.
No volverá, te lo juro;
desde que una fuente enlodan
con su pico esas aves de paso,
se van a beber a otra.

POBRE ALMA SOLA
¡Pobre alma sola!, no te entristezcas,
deja que pasen, deja que lleguen
la primavera y el triste otoño,
ora el estío y ora las nieves;
que no tan sólo para ti corren
horas y meses;
todo contigo, seres y mundos
de prisa marchan, todo envejece;
que hoy, mañana, antes y ahora,
lo mismo siempre,
hombres y frutos, plantas y flores,
vienen y vanse, nacen y mueren.
Cuando te apene lo que atrás dejas,
recuerda siempre
que es más dichoso quien de la vida
mayor espacio corrido tiene.

Rosalía
de Castro.
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