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LLEVAS PRENDIDA UNA MIRADA
Llevas prendida una mirada
entre la cascada de tus cabellos
de la que manan sinsabores
teñidos de sombríos recuerdos.
Te agazapas sonrojada
en la palidez de tus mejillas,
te miro callado cada día
buscando en las vetas de tus entrañas
el dolor que te atormenta,
quiero ser cantero y arrancarte
uno a uno tus desvelos
quiero ser orfebre y moldearte
con nuevos sentimientos,
quiero ser artista y esculpirte
con una sonrisa perpetua,
quiero ser hombre y amarte
con un amor inmenso.

TU RINCÓN
Quiero ser tu rincón
esa gruta donde encubres tus enredos
cuando intuyes tus zozobras
acurrucándote entre silencios.
Quiero lamer tus lágrimas
mientras acicalo tus cabellos
meciéndote entre mis brazos
y acunándote entre mis besos.
Olvida al feroz bandolero
que desheredó tus anhelos
hurtándote la virginidad
desgarrándote los sueños.
Quiero regar tu tierra yerma
con la humedad de mi cuerpo,
sembrar en ti a la mujer
que inhumaste en tu seno.
Permíteme ser tu hombre,
que destierre tu último bostezo,
amanecer entre tus legañas
y morir a tu lado cada noche en tu lecho.
Ven a mi lado, aférrate fuerte a mi mano,
tú y yo solos.... con nuestro secreto
descubramos juntos en el crepúsculo
una luz radiante que nos guíe al cielo.

NIÑA DE MELANCÓLICA MIRADA
Resuena tu voz en la distancia
entre tímida y expectante
marcando distancias
marcando cercanías
mi niña de melancólica mirada
y agridulce tonada.
Muéstrame tus heridas
permíteme lamerlas
que la humedad de mi lengua
calme tus desdichas.
Muchacha de tez pálida
deja que desvele tus entrañas
que penetre en ti
colmando tus vacíos
con la presencia de mi cariño.

MI SUEÑO AMADO
Asciendo al Gólgota
calvario de mis ausencias
sin ti, mi amado sueño,
falto de luz, ciego
en un vía crucis
de silencios.
Deambular
sin retorno
ascendiendo las dolorosas
estaciones de mis misterios
en tu ausencia vividas.
Gozosos soplos de recuerdos,
tanteos efímeros gloriosos
instantes plenos en comunión
que resucitan a cada momento.
Muero en la cruz de mi
soledad
coronado de las espinas de tu ausencia,
con tus adioses flagelado,
herido en el costado de mi corazón
de ti enamorado,
para redimirte
para no olvidarte
en mi eterno destierro
mi sueño amado.

PUÑALADA.
Ayer
cuando partiste me encerré en mi soledad,
no podía dormir
y volví a esta máquina infernal,
escribí un poema a la vieja usanza.
Fue tu verbo una espada
desenvainada,
de frió acero toledano clavado en mi espalda,
una daga
en manos de una dama
hundiéndose en mis entrañas.
No me dolió la estocada
cuando en mi cuerpo penetraba,
me dolió ver tu cara
vestida de gélida mirada,
los ojos teñidos de saña,
la mueca de tu boca cerrada
y tus lágrimas agazapadas
tras las legañas.
Cómo pudieron tus manos blancas
con tanto odio empuñar un arma
esas manos albas
que antes me acariciaban.
Me arrebataste la vida de una cuchillada
asesinaste mis esperanzas,
y con el último soplo de mi alma
quise comprender la sinrazón de tu punzada
el porqué de tata rabia,
enmudeció tu voz, tu habla
y por vergüenza, velaste la mirada.
Ahora ya no importa nada
soy un espectro que vaga
perdido entre las dudas de la ignorancia,
muerto a manos de mi amada
mi joven dama,
mi virgen muchacha
mi niña Áurea

ALEJARME DE TI.
Quizás tengan razón
los ecos de mi conciencia,
las voces roncas
y agarrotadas que me braman
prudencia.
Quizás tengan razón
y los aguaceros de tus lágrimas
extraviadas entre amnesias,
enfanguen nuestro sendero
y por prudencia
deba alejarme de ti.

SHHH.
Shhh
No me susurres al oído
que la pócima que burbujea en tu boca
me martiriza, descarna mis pasiones,
desbocando al alazán de mis latidos.
Shhh
No me susurres al oído
que los ecos de tu voz balbucean
retumbando amplificados en mi pecho,
paralizando el ritmo de mis palpitaciones.
Shhh
No me susurres al oído
que mi locura se acrecienta
y me obligas a sellar tu boca
con un beso.

Siento el frío
entumecer mis pies
al caminar sobre la arena
de esta playa olvidada,
su gélida agua hiela mis esperanzas
de volver a sentir el calor
que emana de tu mirada.
Cuántos sueños no
vividos
me despoja
cada ola en su resaca...
cuantos cantos mudos
se esconden
entre el rumor de las marejadas.
No me diste tiempo
para armar mi nave,
zarpaste
al socaire de un ventisca de silencios,
dejando varada mi ancla
entre la rocalla de las dudas
calculadas,
amarrado al muelle de los deseos no cumplidos,
encallado.
Hoy navego de nuevo
en una singladura de soledades
perdido entre las brumas
de tu recuerdo...
sin derrota ni norte
que marque el rumbo
a mi corazón naufrago.
Sólo los embates de mi mar arbolado
guían a este aprendiz
de marino solitario.
No hay cartas náuticas
ni faros
ni bitácoras
que me orienten
hasta aquélla isla en que soñamos
erigir nuestro paraíso.
Déjame hundirme,
ahogarme en mi océano de lamentaciones
perderme en las profundidades de mi desdicha
morir
deseándote.

José
Ramón Varela.
2002.
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