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En la otrora tersa cara
de singular belleza,
ríos de lágrimas
acusan la pena, de la princesa.
En su mágico castillo,
con las paredes hablaba
de su perdido amor
y sin consuelo lloraba.
Rubíes y esmeraldas
su padre, el rey le obsequiaba
los que olvidados...
en su cofre, guardaba.
Rodeada de aves multicolores,
sol... una flor, sus pétalos abría,
extrañando a su amado
no la
vio... herida, gemía.
Recordaba la despedida
y la promesa de volver a ella,
en su barco se alejó...
el mar borró, toda huella.
La princesa enamorada
camina descalza por la arena,
demacrada, como pálida rosa
al encanto de las olas... ajena.
No sintió el beso de las aguas
y mar adentro caminó
algo superior la empujaba,
sabía que se ahogaba...
y sonrió !


Podría decir lo que siento
con palabras simples
o adjetivos rebuscados,
pero se perderían en el trayecto.
Es largo el camino
y mal amigo el tiempo.
Tu verano es mi invierno
y estás lejos como el universo
inalcanzable como las estrellas
que brillan en el firmamento.
Por eso éste sentir duele...
duele y es un infierno!
Y me entrego en pensamiento
como el río presuroso, corre sin pensar...
creyendo que encontrará reposo
corre... y pierde su identidad
al dejar de ser un río...
para ahogarse, definitivamente...
en el infinito mar!


Abrázame en silencio, sin palabras
abrázame fuerte, no digas nada
déjame sentir tu piel de mar, mojada
déjame
oír
tu corazón, que el mío graba.
Susúrrame al oído lo mucho que me amas
susúrrame palabras esperadas,
créeme si digo estoy enamorada,
créeme mi ser angustiado, te reclama.
Cúbreme con tus brazos y la mirada,
cúbreme y toma éste amor en llamaradas,
escúchame cuando te llamo en pensamiento,
escúchame, te necesito, no miento.
Bésame y bebe mi ternura
bésame con alma y sentimiento.
Permíteme morir unida a tu cuerpo
o permíteme alumbrar tu vida
aunque solo sea... por un momento


Porque crece éste amor, sin control
sin poderlo detener, lacerando el corazón.
Porque mi alma te busca y te reclama
sabiendo de antemano
que en ti no he de reinar.
Por otros rumbos va tu caminar,
ya no habrá de detonar
recónditos
sentidos
no quedará en mi, huellas de pasión.
Es que solo soy pasajera en el carro del destino...
que de ti me aleja, sin piedad.
Si dicen que Dios es bondad
porque bifurcó nuestros caminos,
impidiéndome a tu llamada llegar.
Haciendo de mi, sombra incierta
sin saber de donde vengo, ni adonde vas.
En un beso no habrá repique de campanas,
no veremos juntos aves emigrar,
no sabré nunca, cuanto me quisiste...
si fue espejismo o realidad.
Pero si aprendí algo... y fue de ti ...
¡Cómo duele amar !


Quiero vivir nuestro amor
en las montañas,
en los bosques inexplorados y milenarios.
Ser los amos del paisaje,
donde nadie pueda llegar...
y nuestra quietud arrebatar.
Quiero estar en viento, nieve, nubes,
que ensombrezcan el vuelo rasante del cóndor
y sobre la colina la silueta de un guanaco,
diciéndonos con su presencia
y observando a su paso,
que lo que nos une jamás será fracaso.
Silencio y quietud por compañía...
pureza del aire,
hielos eternos de los glaciares
y gélidas aguas de cristalinos ríos,
amándonos como erupcionado volcán,
cultivando el silencio interno
y viajar de ida y vuelta
del cielo al infierno.
Quiero ver en tu mirada
algo que solo yo entienda,
lo que nunca hayas dado...
Del mudo corazón del bosque
copihues, rosas, una canción...
luego me abraces
y me arrolle tu volcánica pasión.
Quiero que grites mi nombre
a los cerros y quebradas,
para que el eco lo repita
y guardarlo en la memoria,
para no añorar tu ausencia o lejanía,
para que no se haga carne, el dolor
y que seas por siempre
prisionero de mis besos,
de mi piel... mi amor !

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