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Debí haberme despintado las ojeras
(tan necesarias y siempre de estreno),
lavarle la cara a mis ojos de hastío
y quitarme, tal vez, algo de barba,
pero esta mañana, igual que otras mañanas,
el rebaño trashumante de mis sueños,
no pudo atravesar estas paredes de silencio
que en la misma cárcel que yo he construido
sin escape posible me mantienen prisionero.

Desalambrando los conjuros centinelas
que mantienen alerta mis sentidos
voy a posponer cerrojos
y a reactivar ternuras.
Voy a dejar de proponerme soliloquios
que administren los recuerdos y le pongan
desencuentro y soledad a mis distancias.
Liberaré sin dudarlo mis nostalgias
de desnudas desmemorias inquilinas;
estoy seguro entonces que estos viejos,
agotados,
demoníacos fantasmas,
partirán aunque sea por un rato
distrayendo su labor de vigilancia
y podré desatar mis fantasías.
Hoy anduve revolviendo en mis entrañas,
masoquismo sicópata lo mío,
nada cambia,...
van a seguir invernándome los miedos,
pero busco y busco y moriré buscando
moriré desencontrando encuentros vivos
viviré desesperando por tenerte aquí conmigo.
Voy a traer la dulce
compañía
hasta mi vientre herido.
Tomaré un puñado de playa entre mis manos
para bañarte en mis océanos dormidos.
De rayos cristalinos de sol, de mariposas,
crisparé tus trasnochadas utopías
hasta el hartazgo posible de tu triste melodía,
petenera mortal, dulce canto de sirena
que embistes violadora contra el alma mía.
Soledad, angustia y miedo
en la sórdida espera de camas aún tendidas
y dolor gastado en el cobarde rostro de copas vacías
habitan en tus calles donde fluye la vida.
¡Oh callada ciudad de la poesía !
Batir de alas que semeja los latidos
de inquietos corazones en amor correspondidos,
batir de alas que convierte en ángel
al duende del silencio que eterniza distancias,
batir de alas que impulsa mis sentidos,
que agita los silencios
engendrando encuentros,
pariendo des-olvidos.
Aliento de los dioses el soplo de tus alas,
convirtió en perfume mis lágrimas de amores.
Rosa Vermelha,
maravillosa entelequia
caprichosa conjunción
tímida y arrogante
de ángel y demonio
a mi jardín llegaste.
Encarnada explicación
de mis noches de insomnio,
brújula motriz desta boca sedienta;
envuélveme en tus pétalos serenos,
rodéame de tallos la cintura,
y desnúdame de pieles con ternura.
Flor ansiosa, roja amante,
empuja tus espinas en mi carne
y gota a gota iré regando tus raíces
hasta darte tus colores con mi sangre.


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